CONSIDEREMOS NUESTRA EXISTENCIA
I
El Señor es nuestra ansia
de vivir y comprender,
la grandeza de nuestro Dueño,
lleno de amor y de poder.
II
El sol de la mañana,
¡qué brillante está!,
como el sol de nuestra vida,
que nunca deja de alumbrar.
III
Nos llenamos de alegría
y también de encantos,
viajamos por la vida
mientras pasan estos instantes.
IV
Se doblega nuestro corazón
ante el poder del Evangelio,
es admirable contemplar
las cosas de lo eterno.
V
Nuestro Rey es el Señor,
no cabe duda alguna,
viajemos con Él,
pues es infinita su ternura.
VI
¿Y por qué existo?
Me hago siempre esta pregunta,
la respuesta es obvia:
porque Alguien así lo quiso
y, en verdad, tengo Dueño.
Jose J. Agudelo G.
Agosto de 2006

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