EL MEJOR REGALO
¡Qué necia sería la persona que le pidiera regalos insignificantes a un amigo rico, no teniendo en cuenta las cosas de verdadero valor que aquel pudiera ofrecerle! Y no hay tonto más tonto que el que pide trivialidades a Dios, rechazando el regalo más valioso de todos: la presencia divina en su corazón que lo lleva a la salvación.
El Señor dijo en una ocasión: «¿Que padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» (Lucas 11:11-13)
Cuando recibimos a Cristo en nuestro corazón, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros. No puedes imaginar un privilegio más grande que este. Para lograrlo, nuestro Creador propuso un plan sencillo y completo. No lo puedes comprar con dinero, ni con ritos, ni con lágrimas, sino que lo obtienes cuando tienes en cuenta estos cuatro pasos: número uno, confesar que eres pecador; número dos, confesar que no puedes salvarte tú mismo; número tres, reconocer que Dios te ama y que se hizo humano para morir en la cruz y así pagar por nuestros pecados; número cuatro, aceptar a Jesucristo como tu Salvador y el Señor de tu vida.
Hoy en día, la comunicación personal no es como antes y aún los medios sociales de comunicación usan palabras en idioma conocido para que exista una buena comunicación. Dios tiene también en cuenta esto y, por ello, viene a comunicar su mensaje de amor y salvación al mundo utilizando un medio que fuera entendido por todas las personas. Dios eligió el lenguaje humano para mostrar en términos bien definidos que él deseaba únicamente el bien de todos los seres humanos. ¿Hasta dónde llegaría el Creador para comunicarse con nosotros? La respuesta es el nacimiento de Jesús en este planeta Tierra. La realidad de la Navidad es que Dios se comunicó por medio de una persona que, aunque era Dios, también fue humano igual que nosotros en todos los detalles. Jesús es la palabra de más importancia jamás pronunciada, porque en su persona reveló a Dios Padre. No se nos olvide que Jesús dijo: «Yo y el Padre somos uno solo» (Juan 10:30).
Con amor,
Abuelita Fanny
1 de Enero/2026

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